La historia de las artes gráficas en México está ligada a la evolución de la imprenta, la litografía y el offset, técnicas que permitieron difundir ideas, promocionar productos y convertir las imágenes en parte de la vida cotidiana. Durante el movimiento independentista, los insurgentes recurrieron a talleres de impresión instalados en distintos puntos del territorio para propagar sus ideales.
A lo largo del siglo XIX, el crecimiento comercial e industrial impulsó la producción de marcas, etiquetas, envolturas, catálogos, almanaques y calendarios. Con la llegada de la fotolitografía aplicada al offset a principios del siglo XX, las empresas pudieron reproducir imágenes con mayor precisión y en varios colores, ampliando las posibilidades de la comunicación visual.
La expansión de los talleres de impresión
La proliferación de talleres tipográficos, litográficos y de impresión en offset permitió elaborar trabajos de muy diversa naturaleza. Libros, álbumes, anuncios y productos publicitarios circularon por distintas regiones del país y contribuyeron a consolidar una industria gráfica con presencia nacional.
Entre las empresas destacadas de la capital estuvo American Book and Printing Company, fundada en 1882 y dedicada a la impresión tipográfica, litográfica y en offset. Su trayectoria reflejó el desarrollo de un sector que pronto alcanzaría reconocimiento más allá de México.
La Helvetia y el crecimiento de Santiago Galas
Otro negocio fundamental fue La Helvetia, establecimiento que comenzó en la avenida 16 de Septiembre, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Originalmente perteneció al suizo Guillermo Kaiser y más tarde creció bajo la dirección de Santiago Galas, quien convirtió la empresa en una referencia de la papelería y las artes gráficas.
La tienda ofrecía artículos de escritorio, calendarios, lapiceros, plumas, grabados en acero y muebles para despacho. Sus productos se distribuían al mayoreo y menudeo en distintas partes del país, además de exportarse a mercados de América del Sur.
En 1913, Santiago Galas adquirió una pequeña imprenta. Dos décadas después la modernizó para producir cromos y calendarios, mientras La Helvetia ampliaba sus actividades hacia la impresión, el grabado, la encuadernación y la fabricación de libros en blanco.
El nacimiento de Galas de México
Durante la década de 1930, la empresa adoptó el nombre de Galas de México y se consolidó como una de las compañías más importantes del ramo. Para entonces contaba con numerosos talleres, maquinaria moderna para su época y una plantilla integrada por 80 empleados y 300 obreros.
Sus instalaciones reunían áreas de papelería, artículos de escritorio, imprenta, grabado en acero, encuadernación y producción de libros. También elaboraban calendarios, abanicos, artículos de piel y materiales publicitarios para comercios y empresas.
Los hermanos Galas construyeron en la colonia Obrera un edificio de ladrillo rojo que se convirtió en un referente de la arquitectura industrial de la zona. El inmueble, ubicado sobre la calzada San Antonio Abad, aún forma parte del paisaje urbano cercano a la estación del Metro del mismo nombre.
Los calendarios que llegaron a miles de hogares
El mayor impacto de Galas de México se produjo con los calendarios ilustrados. A partir de la década de 1930, la empresa estableció un departamento especializado en el que pintores e ilustradores creaban imágenes para promocionar productos y negocios de todo el país.
Entre las décadas de 1930 y 1970, aquellos calendarios adornaron salas, recámaras, oficinas, tiendas y talleres. Las imágenes incluían paisajes, escenas románticas, motivos patrióticos, figuras religiosas, personajes populares y representaciones de la vida cotidiana mexicana.
En esa producción participaron artistas como Jesús de la Helguera, Jorge González Camarena, Josep Renau, Eduardo Cataño, José Bribiesca, Armando Drechsler, Jaime Sadurní y Luis Amendolla. Sus obras fueron reproducidas masivamente mediante técnicas litográficas y de offset, convirtiendo el arte comercial en una experiencia accesible para amplios sectores de la población.
La trayectoria de Galas de México muestra cómo una empresa de impresión logró vincular la publicidad, el diseño y la pintura con la vida diaria. Sus cromos no solo promovieron productos: también ayudaron a construir una memoria visual de México que permanece en los hogares, los archivos y el patrimonio gráfico del país.

