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El sistema financiero mexicano entra en una etapa decisiva de inclusión y digitalización

El sistema financiero mexicano atraviesa una etapa decisiva impulsada por la expansión de las cuentas formales, los pagos digitales y la llegada de nuevos participantes regulados. Sin embargo, el avance todavía convive con una brecha importante entre tener un producto financiero y utilizarlo de manera constante.

Los datos más recientes muestran que 63% de las personas de 18 a 70 años tenía al menos una cuenta de ahorro formal en 2024, mientras que 37.3% contaba con algún crédito formal. La diferencia refleja uno de los principales desafíos para la inclusión financiera: ampliar el acceso a servicios que respondan a las necesidades cotidianas de la población.

Del efectivo a las operaciones digitales

El uso de teléfonos celulares, relojes inteligentes y otras herramientas digitales ha facilitado pagos sin contacto y transferencias electrónicas. Esta transformación es más visible en las grandes ciudades, aunque su expansión también alcanza a pequeños comercios y usuarios que anteriormente dependían casi por completo del efectivo.

La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2024 registró además un aumento en las cuentas contratadas mediante internet o aplicaciones no bancarias. Este cambio muestra que las plataformas digitales comienzan a ocupar un lugar más relevante en la relación entre las personas y las instituciones financieras.

El crecimiento también se observa en la infraestructura de pagos. Los agregadores y adquirentes no bancarios han ampliado su presencia en el mercado de terminales punto de venta, lo que permite que más negocios acepten pagos con tarjeta y otros medios electrónicos.

La importancia de las licencias y los depósitos

La consolidación de los participantes digitales depende, en buena medida, de que operen bajo figuras reguladas y supervisadas. Contar con una licencia de captación permite ofrecer productos de débito, ahorro, nómina y servicios para pequeñas empresas, además de acceder a fuentes de fondeo más eficientes mediante los depósitos de los usuarios.

Esta evolución modifica la competencia del sector. Las instituciones pueden combinar tecnología, información sobre el comportamiento financiero y modelos de evaluación de riesgo para diseñar productos más adecuados, reducir costos y ampliar la oferta para distintos perfiles de clientes.

Para los ahorradores, una mayor competencia puede traducirse en mejores rendimientos y más alternativas para administrar su dinero. El siguiente paso consiste en facilitar la transición desde las cuentas básicas hacia fondos de inversión, deuda gubernamental y otros instrumentos de largo plazo.

El reto pendiente es el uso efectivo

El crecimiento de las cuentas no garantiza por sí mismo una mayor inclusión. Una parte de la población todavía enfrenta barreras de acceso, desconocimiento de los productos, costos, falta de confianza o dificultades para utilizar los servicios financieros de manera frecuente.

Por ello, las políticas públicas y la regulación deberán acompañar la expansión tecnológica con educación financiera, protección al usuario y mecanismos que impulsen los pagos digitales. El objetivo no es únicamente abrir más cuentas, sino lograr que sean útiles, seguras y accesibles para quienes permanecen fuera del sistema formal.

México cuenta con condiciones para acelerar la transformación financiera durante los próximos años. El resultado dependerá de que bancos, entidades digitales, autoridades y comercios conviertan la innovación en servicios confiables y en oportunidades reales para millones de personas.