El costo de vida se perfila como uno de los principales factores políticos rumbo a las elecciones intermedias de Estados Unidos, previstas para el 3 de noviembre de 2026. La combinación de inflación, pérdida de poder adquisitivo y descontento con la gestión de Donald Trump ha debilitado sus niveles de aprobación y podría afectar las posibilidades de su partido para conservar el control del Congreso.
La discusión electoral ocurre mientras los hogares estadounidenses enfrentan precios elevados y una percepción de deterioro económico. Aunque el desempleo se mantiene en niveles relativamente bajos, la experiencia cotidiana de los consumidores —el costo de la vivienda, los alimentos, la gasolina y otros bienes esenciales— pesa más en la evaluación del gobierno que algunos indicadores agregados.
La economía percibida domina el voto
Encuestas recientes muestran que la aprobación de Trump se ubica alrededor de un tercio del electorado. Un sondeo de Reuters/Ipsos difundido en septiembre registró 32% de aprobación, mientras que otras mediciones nacionales colocaron el respaldo presidencial en 33% o 37%, según la muestra y el periodo de levantamiento.
El deterioro es más pronunciado en asuntos económicos. La inflación y el costo de vida aparecen entre las áreas con menor aprobación para el presidente, mientras que una mayoría expresa preocupación por la situación financiera del país y por el impacto de los precios en su propio hogar.
La inflación anual proyectada para septiembre de 2026 asciende a 3.57%, de acuerdo con el contexto de la publicación, por encima del objetivo de 2% de la Reserva Federal. Sin embargo, el dato oficial correspondiente a septiembre será publicado por la Oficina de Estadísticas Laborales el 14 de octubre de 2026, por lo que la cifra debe entenderse como una proyección y no como un resultado definitivo.
El termostato político y el castigo al gobierno
La teoría del termostato político sostiene que los electores pueden reaccionar contra gobiernos cuya agenda se aleja de sus preferencias. En este caso, el malestar no se limita a una disputa ideológica: se relaciona con la percepción de que las decisiones públicas han encarecido la vida cotidiana o no han logrado contener sus efectos.
El mecanismo opera mediante el voto retrospectivo. Los ciudadanos comparan sus condiciones actuales con las que esperaban tener y atribuyen parte de los resultados al gobierno en turno. Por ello, una administración puede conservar indicadores favorables en algunos rubros y, al mismo tiempo, enfrentar un fuerte rechazo si los hogares sienten que su ingreso alcanza para menos.
La presión económica también puede modificar la participación electoral. Los grupos con mayor exposición a la inflación, al desempleo local, a los desahucios o al desplazamiento laboral tienden a responder de forma distinta a los mensajes partidistas, especialmente cuando consideran que las políticas federales son responsables de sus dificultades.
El voto latino puede ampliar el efecto
El comportamiento del electorado latino será relevante porque sus decisiones están vinculadas tanto con la identidad política como con condiciones materiales concretas. El empleo, el ingreso, la vivienda y la estabilidad laboral pueden influir en la participación y en la preferencia por candidatos demócratas o republicanos.
La reacción no es uniforme entre los distintos grupos de origen latino. Las diferencias regionales, generacionales y socioeconómicas pueden modificar la manera en que cada comunidad interpreta la inflación, la política migratoria, el empleo y la seguridad económica.
Los riesgos para México
El resultado electoral estadounidense también tendrá consecuencias para México. Una política monetaria más restrictiva en Estados Unidos puede presionar al tipo de cambio, encarecer el financiamiento denominado en dólares y alimentar la inflación importada. El efecto puede amplificarse cuando existe incertidumbre sobre las tasas de interés, los aranceles o la relación comercial bilateral.
La exposición mexicana no se limita al comercio. Las empresas integradas en cadenas de suministro norteamericanas podrían enfrentar mayores costos si aumenta la volatilidad arancelaria o si se modifica el marco regulatorio del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá.
Ante ese escenario, las empresas con ingresos o deudas en dólares necesitan evaluar coberturas cambiarias y riesgos financieros. Para el gobierno mexicano, la diversificación comercial y el fortalecimiento de la certidumbre regulatoria aparecen como instrumentos para reducir la dependencia de decisiones tomadas en Washington.
Las elecciones intermedias del 3 de noviembre de 2026 no resolverán por sí solas las tensiones económicas entre ambos países. Sin embargo, servirán para medir hasta qué punto el descontento con los precios, la guerra y la conducción presidencial puede modificar el equilibrio político en Estados Unidos y abrir una nueva etapa de incertidumbre para México.

