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A 25 años del 11-S, Al Qaeda sobrevive como una red más descentralizada

Este 11 de septiembre de 2026 se cumplen 25 años de los atentados que Al Qaeda perpetró contra Estados Unidos y que dejaron 2 mil 977 víctimas. La organización fundada a finales de la década de 1980 por Osama Bin Laden perdió buena parte de su estructura original, pero no desapareció: se transformó en una red más descentralizada con presencia principalmente a través de filiales regionales.

Los ataques de 2001 marcaron el mayor golpe de la organización contra una potencia occidental y desencadenaron la invasión estadounidense de Afganistán, así como una persecución internacional contra sus principales dirigentes. Sin embargo, la caída de Bin Laden en 2011 y la muerte de Ayman al Zawahiri en 2022 no significaron el fin de la red.

De una estructura centralizada a una red de filiales

Antes del 11-S, Al Qaeda contaba con una dirección jerárquica encabezada por Bin Laden, un consejo asesor y áreas dedicadas a inteligencia, operaciones, finanzas y propaganda. La organización también mantenía campos de entrenamiento en Afganistán y una red de colaboradores con distintos niveles de autonomía.

Con el paso de los años, la presión militar y la pérdida de sus principales líderes obligaron al grupo a modificar su estrategia. En lugar de concentrarse únicamente en ataques contra Estados Unidos y otras potencias occidentales, sus filiales han buscado aprovechar vacíos de poder, conflictos locales y la debilidad institucional de algunos países.

El Sahel, uno de sus principales focos de expansión

África se convirtió en el escenario más relevante para la expansión actual de Al Qaeda. En el Sahel, Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin, conocida como JNIM, es considerada la principal coalición yihadista vinculada con la organización en esa región.

Durante 2026, JNIM participó en una ofensiva coordinada en Mali que llegó a amenazar Bamako, la capital. El crecimiento de esta filial refleja el cambio en el funcionamiento de Al Qaeda: ya no depende de una sola estructura global, sino de grupos regionales capaces de operar con mayor autonomía y adaptarse a las condiciones de cada país.

Somalia también es un punto central. Al-Shabaab, filial de Al Qaeda en ese país, mantiene una fuerte capacidad operativa y participa de manera constante en hechos de violencia política. En Yemen, Al Qaeda en la Península Arábiga conserva una capacidad menor que en años anteriores, aunque continúa siendo difícil de desmantelar.

Afganistán, India y Pakistán

La retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán en 2021 y el regreso de los talibanes al poder generaron un entorno más permisivo para Al Qaeda. Su actividad en ese país se relaciona principalmente con entrenamiento y apoyo a otros grupos militantes.

La organización también ha mostrado indicios de actividad en India y ha intentado establecer células en Bangladesh. En Pakistán, mantiene vínculos con Tehrik-i-Taliban Pakistan, grupo conocido como los talibanes pakistaníes, cuya amenaza se dirige principalmente contra el Estado paquistaní.

El golpe contra Bin Laden y la continuidad de la organización

Osama Bin Laden fue localizado en Abbottabad, Pakistán, y murió durante una operación de fuerzas especiales estadounidenses el 2 de mayo de 2011. Ayman al Zawahiri asumió entonces el liderazgo de Al Qaeda, hasta que fue abatido en Kabul por un ataque con dron el 30 de julio de 2022.

La organización también perdió influencia en Irak y Siria. La filial que operaba en Irak terminó convirtiéndose en el Estado Islámico de Irak y posteriormente rompió con Al Qaeda. En Siria, el antiguo Frente al Nusra siguió una ruta similar y evolucionó hasta convertirse en Hayat Tahrir al-Sham, grupo que terminó desarrollando una estrategia propia.

Un legado marcado por el impacto y el declive

El 11-S representó el mayor éxito operativo de Al Qaeda, pero también provocó la respuesta militar que debilitó a su dirigencia y destruyó buena parte de su estructura original. Desde entonces, la organización no ha conseguido ejecutar un ataque de una magnitud comparable contra Estados Unidos.

Aun así, su ideología y sus filiales continúan representando una amenaza en regiones con pobreza, conflictos prolongados y Estados frágiles. A 25 años de los atentados, Al Qaeda conserva objetivos globales, pero opera mediante una estrategia más paciente, flexible y descentralizada.